Para el ego, las ganancias están fuera, para el espíritu son internas, porque la alegría omnipresente de la existencia es independiente del contenido o la forma.
Para el espíritu un día soleado o un día lluvioso son lo mismo. La conciencia disfruta de las cualidades en lugar de aferrarse a la forma. Así, puede disfrutar de "estar con" sin tener que apropiarse ni controlar.
A la conciencia no la impulsan los objetivos, sino que valora la capacidad de sentir un placer igual en todas las circunstancias.